
¿Cuándo daremos ese estirón cualitativo que nos permita alcanzar los primeros lugares de competitividad?
POR LUIS HERNÁNDEZ MARTÍNEZ
En la actualidad, si bien las compañías buscan a los alumnos más destacados en términos académicos, también es una realidad que su proceso de selección –más riguroso que en épocas anteriores– indaga la vida y obra del aspirante. ¿El motivo? Conocer a la persona que mejor se adapte a la filosofía, valores y objetivos de la firma. Y es que ya no resulta suficiente que el estudiante muestre que en términos cuantitativos cumplió. Los elementos cualitativos son, desde ahora, un factor que podría determinar la contratación o no de los candidatos.
Recuerdo que en una ocasión Rocío Niembro, en aquélla época directora de Recursos Humanos de Kellogg, me dijo que su proceso de selección se basaba en competencias: “Trabajo en equipo, adaptabilidad, resolución creativa de problemas, criterio y toma de decisiones”. Además me explicó que la persona tenía que “cumplir con el perfil técnico que exige el área donde trabajará y el conocimiento del inglés. Por ejemplo, agregó aquélla vez, “para puestos de ingeniería y mercadotecnia recurrimos al Tec de Monterrey. Para las áreas administrativas y financieras tenemos gente del ITAM; también tenemos egresados de la Universidad Panamericana, la mayoría de ellos son representantes del área de Ventas”.
Destaco que, durante la plática con Rocío, varias instituciones con grandes desembolsos en publicidad –y también añejas en nuestro sistema educativo universitario de carácter privado– no fueron mencionadas como fuente de contrataciones.
Y en ese momento no hice la precisión sobre el punto, pero sí le pregunté sobre ¿qué pasó con la participación de las universidades públicas? A lo que respondió: “Tenemos gente de un amplio número de universidades. Sin embargo –acotó Niembro–, el perfil también se compone de aspectos técnicos de la persona. Como somos una empresa estadounidense, dentro de nuestro perfil básico está el inglés, de ahí que varias personas del Politécnico Nacional, UNAM y UAM no puedan ingresar con nosotros. Nos encontramos que el nivel de inglés no es suficientemente fuerte en ellos”. Y no era la única ejecutiva que opinaba así.
EN BUSCA DEL ESLABÓN PERDIDO
Reina Gómez, directora de Recursos Humanos de Levis, también me dijo en su momento que la empresa que representaba tenía la política de no hacer discriminaciones por universidad, pero también reconoció que los egresados de instituciones privadas tenían un mejor nivel de inglés que sus compañeros de escuelas públicas. Pero además del idioma, Reina expresó que “los valores que se buscan en los jóvenes son la honestidad, respeto, congruencia y compromiso”.
Y también dijo que los aspirantes debían identificar lo que no saben y, claro, aprenderlo rápido. Aplicar el auto aprendizaje y acelerar su capacidad de estudio: “Necesitamos gente que identifique las oportunidades y agregue valor a la empresa. Debe estar orientada a resultados porque las empresas valoran eso, no las buenas intenciones”.
Al parecer de Gómez, en resumen, los universitarios debían tener muy claro que la armonía entre las capacidades técnicas y las cualidades humanas era medular.
Y en esa línea de ideas, Leticia Quintanilla y Adriana Topete, al momento de entrevistarlas ambas eran gerentes de Recursos Humanos de DuPont, me dijeron que “la gente debe disfrutar del trabajo en equipo porque sólo así se provocan los mejores resultados en la organización”. Sin embargo, advirtieron, “las universidades no están entregando personas con esas habilidades. Capacitan gente muy técnica a la que le falta el sentido de liderazgo personal”.
Incluso Quintanilla opinó que “hay algunas universidades que sí se preocupan por desarrollar las capacidades de liderazgo, pero no entendidas como nosotros quisiéramos. Las escuelas las entienden desde el punto de vista de formar un supervisor, director o gerente. De eso no se trata. Nosotros estamos buscando un liderazgo personal”. Al respecto, Topete pensaba que se necesita “gente que haga las cosas lo mejor que pueda. Hablamos de que todo mundo tiene liderazgo personal porque puede ser muy bueno en lo que hace, sin importar su nivel, cargo o puesto”.
En lo personal coincido en términos generales con las ideas de mis entrevistadas. Sólo quisiera resaltar que a los recién egresados también les hace falta ser personas responsables y comprometidas con su entorno inmediato y mediato.
Me explico: los recién egresados, en su mayoría, adolecen de ética; también son socialmente irresponsables y –prácticamente– los valores como la tolerancia, la libertad, la democracia, la justicia, el respeto, el amor, el entendimiento, la solidaridad... Brillan por su ausencia en su perfil profesional. Urge trabajar en ello desde las aulas.
* El autor es Periodista, Administrador de Negocios Editoriales y Candidato a Doctor en Educación por las Universidades Complutense de Madrid y Anáhuac del Norte. Actualmente cursa la carrera de Derecho.
