
En una sociedad cada vez más impersonal, bien valdría la pena recordar que nuestra profesión, cualquiera que esta sea, queda al servicio de los demás.
POR LUIS HERNÁNDEZ MARTÍNEZ
¿Cuál es el grado de compromiso que tenemos con nuestra profesión? ¿Tenemos claro cómo medirlo y cuál es el indicador o serie de variables (dependientes e independientes) más apropiadas para llevar a cabo dicha tarea? Me parece importante que existiera –y fuera del dominio público– una herramienta para obtener las respuestas.
Contar con una metodología que, apegada al rigor científico, mostrara el grado de compromiso que las personas tenemos con la actividad profesional elegida arrojaría una luz muy poderosa para distinguir a los seres humanos que sí dignifican su profesión –cualquiera que esta sea– de sus simuladores (trataremos en otro momento el accionar de dichos personajes).
En tanto llega ese sistema de medición de carácter universal, más que aplausos deben arrancarnos los esfuerzos por establecer lineamientos o mandamientos de observancia general para los miembros de un gremio determinado. Tal es el caso de Eduardo J. Couture Etcheverry (uruguayo, nacido el 24 de mayo de 1904 y acaecido el 11 de mayo de 1956) y su muy conocida obra Los Mandamientos del Abogado (otros la citan como El Decálogo del Abogado).
A manera de homenaje mencionaré brevemente su decálogo (publicado en México por la editorial Miguel Porrúa desde 1992), pues estamos a poco menos de un mes de conmemorar el aniversario luctuoso número 54 del abogado hoy extinto en lo material, pero vivo –y vigente– en la conducta ética de todo aquél que ejerce como abogado íntegro:
1. Estudia: El derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado.
2. Piensa: El derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando.
3. Trabaja: La abogacía es una ardua fatiga puesta al servicio de la justicia.
4. Lucha: Tu deber es luchar por el derecho pero el día en que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia.
5. Se leal: Leal para con tu cliente, al que no debes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando él sea desleal contigo. Leal para con el juez que ignora los hechos y debe confiar en lo que tú le dices; y que, en cuanto al derecho, alguna que otra vez debe confiar en el que tú le invocas.
6. Tolera: Tolera la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea tolerada la tuya.
7. Ten paciencia: El tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.
8. Ten fe: Ten fe en el derecho como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del derecho; en la paz como sustitutivo bondadoso de la justicia y, sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia ni paz.
9. Olvida: La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras cargando tu alma de rencor, llegará un día en que la vida será imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.
10. Ama tu profesión: Trata de considerar la abogacía de tal manera que, el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti, proponerle que se haga abogado.
Couture plasmó en su mandamiento número dos que “el derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando”. Con base en su axioma me parece que el abogado también debería profesar –y más con base en la actuales circunstancias sociales del mundo– la humildad, la solidaridad con sus semejantes y la generosidad.
No pretendo modificar la lista del maestro. Pero sí quiero rendirle un homenaje a sus preceptos a través de la acción. Pensar que en el ejercicio de la abogacía –y la verdad en el actuar de cualquier profesión– los tres puntos que menciono arriba son fundamentales para sostener una sociedad cada vez más impersonal.
Mi sugerencia es, también, un recordatorio sobre la importancia de no olvidar que nuestra profesión, cualquiera que esta sea, queda al servicio de los demás una vez que obtenemos el título académico (permiso oficial) para ejercerla. A partir de ahí nos debemos a los otros; a los humanos creadores de sociedades. Sistemas sociales de los que también somos parte.
* El autor es Periodista, Administrador de Negocios Editoriales y Candidato a Doctor en Educación por las Universidades Complutense de Madrid y Anáhuac del Norte. Actualmente cursa la carrera de Derecho.
Estoy de acuerdo en lo que publica nuestro amigo Luis Hernández, es importante no olvidar los principios que le dan sentido a nuestras profesiones y actuar en consecuencia. Somos los arquitectos de esta sociedad.
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